¿Cómo llegué hasta aquí?
Ahora miro hacia atrás y me parece increíble... Eso si…, antes de la bici, llegó la moto. ¿Como? Es curioso, pero allá en al año ´85 (yo tenía sólo 8 años) recuerdo ojear una “Motor16” de mi padre, en la que aparecía la última victoria de Angel Nieto en LeMans.
Aquellas fotos de acción me cautivaron tanto, la plasticidad de ése deporte y las espectaculares inclinadas me absorbieron de tal modo, que cambió todos mis esquemas…quería ser como ellos, quería sentir lo que ellos sentían.
La primera bici en llegar fue una BH Motocross plegable, de la que tenía que tirarme en marcha para frenar pues ni siquiera llegaba a los frenos. Cuando aprendí a dominarla, recuerdo tirarme cuesta abajo para ganar la mayor velocidad posible, y buscar el mejor asfalto para inclinar todo lo que la pobre daba de si… Algunas veces acababa en arrastrón y el trasero, las rodillas y los codos quemados, pero daba igual.
Y de repente, una extraña
Allá por el ´90, una extraña bici me llamó la atención…tenía ruedas grandes con gruesas y taqueadas gomas, y se podía hacer todo tipo de cabriolas y acceder a casi cualquier lugar con ella… Para mi representaba la libertad, la superación, algo diferente y atractivo con lo que evolucionar como deportista y persona.
Y, gracias a mis buenas notas, por fin cayó en mis manos. Se llamaba Togano Touring. Costó 35.000 pesetas de las de entonces, y entre sus características contaba con frenos cantilever que gastaban sus zapatas cada salida, cuadro y horquilla de acero HI-Ten, rastrales (calapiés) y grupo Shimano SIS… vamos, un pepino.
Con ella aprendí a hacer interminables caballitos, invertidos, a bajar todo lo que podía a la mayor velocidad y a pegarme tortazos como panes… por que sí, nadie nace sabiendo.
Por entonces me convertí en una especie de proto-biker que surcaba las calles de mi pueblo haciendo caballitos, derrapadas y saltando escaleras por doquier, ampliando mis habilidades y haciendo “amigos” en forma de venerables ancianos cabreados y viandantes insultadores (nunca hubo víctimas, lo juro).
En mi afán por acercarme al mundo motero, recuerdo que pasaba horas dibujando sobre el asfalto de los más grandes parkings con tiza el perfil de los circuitos del mundial, con sus pianos y todo, en los que pedaleaba todo lo que podía para atacar las curvas rápido,inclinar y aprender a trazar con las gomas lisas que ponía en aquélla bici…
Y al final, llegó
Pero no era suficiente…hice algunas marchas donde me lo pasaba como un enano y donde no lo hacía nada mal. Con mi cuerpecillo de 13-14 años y con una bici nada competitiva, les daba pal pelo al muchos…eso me animó.
Y si, en el año ´92, llegó mi primera bici de verdad… (GRACIAS AITA) 90.000 cucas de entonces y se presentó en casa en forma de KONA Lava Dome.
Me pasaba horas admirándola en el la entrada de casa (ni de coña en el trastero). Tras algunos cambios,lista para competir! Horquilla (rígida of course) manillar y potencia Joe Murray, grupo Shimano Exage con cantilevers, mandos de cambio por encima del manillar Deore y manetas del mismo grupo con potenciador. Rastrales, “cuernos” mirando para abajo…y venga!
Mi primera incursión “seria” fue en una marcha en el castillo de Butrón. Allí, acabé quinto por delante de un “tal” Joseba León, que me dejó absolutamente flipado pasándome como un obús en una bajada con su Cannondale rígida y su mítica antena de radio en el casco. Tras la “marcha” me dijo que me federase, que las carreras del Open eran divertidas y que éramos 4 gatos, que había que hacer bulto.
Dicho, y hecho
Me saqué la licencia, y me presenté en mi primera carrera del Open de Euskadi en Garay…
Qué nervios! El circuito durísimo, una subida gigante y otra bajada igual de grande, que me reventó y en la que sufrí muchísimo.Me caí varias veces, maldije los rastrales, la horquilla rígida (empezaron a aparecer ya las primeras RockShox Mag21 entonces) y mi afán de ir lo más rápido posible. No sé ni en que posición llegué… perdido en el mogollón de gente, pero recuerdo hacer los últimos 100 metros antes de meta cuesta arriba de caballito y a una mano… el aplauso de toda la gente y mi subidón de adrenalina después de mi primera carrera y aquella interminable bajada, fueron el mejor premio que haya tenido nunca.
Ir a las carreras suponía dinero (cosa que nunca ha sobrado en casa) y el tiempo de mis padres (y su paciencia) también era limitada, con lo que se imponía buscar un equipillo. Circunstancias varias hicieron que acabara recalando en el mítico (en Euskadi) OKLAN-TopBICI, en el que estuve varias temporadas. Con éllos empecé a viajar, a conocer mejor el mundillo del MTB, tuve momentos dulces y agrios, hice amigos, y forjé mi carácter y mi cuerpo (siempre he sido delgado, pero la competición me dejaba literalmente “chupado”).
5 temporadas de los 14 a los 19 años, fueron mi bagaje de competiciones, marcados al final por un gran accidente en la primera carrera del Open en Logroño… rotura del cuádriceps de la pierna izquierda, varios puntos en las costillas, conmoción… nunca he sentido tanto dolor físico como aquel dia. La bici tiene estas cosas…a veces es injusta y cruel, aquel año había entrenado duro, me sentía bien emocionalmente ( siempre me pudo la cabeza, fue mi gran punto débil) y la bici la tenía por la mano…
Reaparecí a los 6 meses más o menos tras la rehabilitación, pero mi tren ya había salido de la estación. La primera carrera el año siguiente en SUB-23 me devolvió a la realidad, cuando Garro me dobló en la tercera vuelta.
Así que en cuanto a resultados, un quinto en el open de Gorliz del año 96 , ( la carrera de la que mejor recuerdo guardo), algunos podios y un par de victorias en carreras de poca importancia en La Rioja y Cantabria, fue todo, así como ser un habitual entre los 10 primeros en esos 5 años en las categorías Junior K y Junior.
¿Hay vida después de la competición?
¿Que si la hay? ¡Vendría lo mejor!
Acabé realmente harto de la gente (mucho “divismo” y poca camaradería) y el ambiente de aventura y buen rollo iniciales se perdieron y empecé a sentirme descolocado.
El 99 fue mi último año federado, pero jamás perdí el contacto con mi mayor afición, con lo que más me gusta hacer en ésta vida, con lo que sirvió de válvula de escape en momentos difíciles y lo que más satisfacciones me ha dado nunca.
Nunca faltaron bicis en casa. Y, gracias a que me puse a currar, cada vez eran mejores, y cada vez tenía más acceso a novedades y material de gama alta que nunca pude disfrutar. Yo buscaba algo alternativo, algo diferente, y por ésa época nació un movimiento que era una auténtica locura…el FREERIDE.
En mis años de competición, me di cuenta de que no andaba mal, subía medianamente bien, pero sobre todo…bajaba rápido. Me gustaba, se me daba bien, y ahora, echando la vista atrás, alucino con lo que hacía con una bici rígida, con el manillar corto y plano, la potencia mirando hacia abajo y una horquilla (cuando llegó) que daba 5 cms de recorrido.
Hace casi 5 años, una bici medio enduro medio DH ligero, me enseñó la luz del camino que quería seguir… una Massi Max-II, montada a la “buena de Dios” con piezas de mi última bici rallística. Tan sólo unas bajaditas en el Potongo, me dieron a entender que la felicidad que buscaba estaba allí, pero mi forma física ya no era la de antes, y éste era un mundo nuevo para mi…saltos enormes, cortados, zonas que sólo de mirarlas me daban vértigo…estaba ante un nuevo desafío, cercano y casi desconocido a la vez.
Gracias a mi nuevo curro, hace 3 años tuve la oportunidad de disponer de una auténtica máquina para disfrutar y aprender (de nuevo). Una Kona Stinky `06.
Esta es la bici con la que he aprendido a saltar de verdad, a volar cuesta abajo, a hacer posible lo que creía inimaginable. También gracias al trabajo y mis dotes de comercial, surgió la idea de crear un pequeño equipo, totalmente amateur, sólo con la idea de tener facilidades y poder disfrutar de todo esto un poco mejor.
Y aquí estamos, al ¿final? Del camino, donde todo empieza, casi 10 años después…unas bicis increíbles, material de primera línea que sólo veía en las revistas, toneladas de ilusión y nada que demostrar a éstas alturas. La mejor combinación para hacer lo que nunca pude, sin presiones…sentarse un poco después del remonte, mirar alrededor la inmensidad de la montaña, sentirte libre, chocar la mano del compañero, ajustarte de nuevo el casco y… el resto son sensaciones, y fotos que podeis ver aquí.
Pasad, y disfrutad de ésta web, el MTB, el Freeride y el DH, visto desde otro prisma…

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